Campamentos Antárticos
La distribución geográfica de las bases Antárticas que opera nuestro país responde a criterios geopolíticos. Los países reclamantes de porciones en este continente han limitado el establecimiento de sus bases al interior de las zonas reclamadas donde también se realizan investigaciones científicas.
Una gran parte de los objetos de estas investigaciones (por ejemplo afloramientos rocosos, glaciares, auroras, cadenas montañosas) no pueden ser transportados al laboratorio, por lo cual resulta imprescindible que los científicos se trasladen al terreno. Esto implica el envío de grupos de investigadores y la organización de campamentos a tales efectos, o bien la utilización de refugios que existan en la zona. Estos campamentos permanecen activos en el terreno durante varios meses, tanto en los veranos como en los inviernos australes.
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Campamento científico
El clima en la Antártida se caracteriza por sus extremadamente bajas temperaturas y fuertes vientos que alcanzan un promedio de 160 km/h durante tormentas, frecuentes en esas latitudes. Asimismo estos vientos producen el "blizzard" Antártico (o "ventisca") compuesta mayormente de nieve superficial volátil de gran fuerza y velocidad extrema (por ejemplo mas de 200 km/h).
A pesar de la dureza del clima y las facilidades desprovistas de todo confort, existen científicos que periódicamente van a vivir en carpa a la Antártida durante varios meses del año, para realizar sus investigaciones directamente en el terreno, soportando los severos e implacables rigores del clima.
Los campamentos científicos son autosuficientes e independientes de las bases Antárticas, encontrándose muchas veces instalados a decenas y aún centenares de kilómetros de éstas. Sólo requieren de los medios de transporte que las bases puedan brindarles para el movimiento de su carga a la hora del despliegue y repliegue del mismo. Inclusive, existen oportunidades donde puede prescindirse por completo de la base más cercana, si el transporte de los materiales y equipo de campaña fuera realizado desde un rompehielos (por ejemplo el Rompehielos Almirante Irizar) u otros buques menores.
Los traslados de los campamentos científicos se realizan en consonancia con los ritmos del clima, pero al alejarse definitivamente los helicópteros toda la carga queda esparcida en una amplísima zona del terreno, muchas veces hasta donde no alcanza la vista, siendo necesario agrupar todo y comenzar a instalar el campamento. De esto depende la supervivencia del grupo, dado que no hay ningún sitio donde buscar refugio en muchos kilómetros a la redonda, ni nadie que pueda brindar ayuda. Sólo los propios investigadores y su grupo de colaboradores.
Mediante la utilización de los distintos tipos de carpas y según las necesidades del grupo, se forman los campamentos que serán el soporte y punto de partida de las actividades de investigación a realizarse en el terreno durante los próximos meses.
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Siluetas de carpas piramidales utilizadas como dormitorio en un campamento geológico del Instituto Antártico Argentino durante el atardecer
Nada resulta fácil en campaña, y como ejemplo de esto se tiene el hecho que hasta la más mínima de las necesidades, como el agua, debe ser provista por el propio grupo mediante el derretimiento de nieve o hielo. En realidad, todo depende del grupo, ya que los únicos que podrán brindar ayuda para la resolución de cualquier clase de necesidad son sus propios integrantes que, mediante su experiencia y destreza, aun cuando los materiales disponibles no sean suficientes o siquiera los mínimamente necesarios, deberán dar una solución al problema.
La actividad de los campamentos científicos que continúa desarrollándose desde hace décadas, constituye el ejemplo más significativo de la sacrificada labor que en forma silenciosa desarrollan nuestros investigadores en el territorio antártico.
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